OMS: NO SE LE PUEDE MENTIR A LA COMUNIDAD ESPERANZADA EN LA VACUNA CONTRA EL COVID 19

Estuvimos investigando un poco sobre la eficacia de la vacuna contra el COVID 19 y llegamos a la conclusión que tanto los laboratorios que la fabrican como la Organización Mundial de la Salud MIENTEN.

¿Qué significa que las vacunas sean tan eficaces? y ¿por qué no se puede confundir con la efectividad que pueden tener en el mundo real?

La carrera por la vacuna parecen estar haciendo un trabajo mucho mejor de lo que todos esperaban. Pfizer y BioNTech anunciaron esta semana que sus vacunas tenían una tasa de eficacia del 95 por ciento.

 “Esto lo cambia todo”, todos esperábamos del 50 al 70 por ciento”, de hecho, la Administración de Medicamentos y Alimentos había dicho que estaba considerando otorgar aprobaciones de emergencia a vacunas que mostraran solo 50 por ciento de eficacia.

Según los titulares, bien se podría suponer que estas vacunas, que algunas personas podrían recibir en cuestión de semanas, protegerán a 95 de cada 100 personas que se la pongan.

Sin embargo, eso no es en realidad lo que han mostrado los ensayos, el desempeño exacto de las vacunas en el mundo real dependerá de muchos factores de los que no tenemos aún respuesta, como de si las personas vacunadas pueden contraer infecciones asintomáticas o de cuántas personas serán vacunadas.

Lo que se necesitas saber sobre la efectividad real de estas vacunas

Cuando las compañías afirman que sus vacunas tienen una efectividad del 95 por ciento ¿Será cierto?

¿Porque decimos que se miente a la población?

La lógica fundamental detrás de los ensayos actuales de vacunas fue establecida por estadísticos hace más de un siglo. Los investigadores vacunan a varias personas y les dan un placebo a otras. Luego esperan a que los participantes se enfermen y observan la cantidad de enfermedades en cada grupo.

En el caso de Pfizer, por ejemplo, la compañía reclutó a 43.661 voluntarios y esperó a que 170 personas presentaran síntomas de COVID-19 y luego obtuvieran una prueba positiva. De esos 170, 162 habían recibido una inyección de placebo y solo a 8 se les había puesto la vacuna real.

Si tomamos en cuenta con estos números, los investigadores de Pfizer calcularon la fracción de voluntarios de cada grupo que se enfermó.

Ambas fracciones eran pequeñas, pero la fracción de voluntarios no vacunados enfermos fue mucho mayor que la fracción de los vacunados enfermos.

Posteriormente, los científicos determinaron la diferencia relativa entre esas dos fracciones.

Esa diferencia se expresa con un valor que los científicos llaman “eficacia”. Si no hay ninguna diferencia entre los grupos de vacuna y placebo, la eficacia es 0. Si ninguna de las personas enfermas es del grupo de los vacunados, la eficacia es del 100 por ciento.

Una eficacia del 95 por ciento como ellos dicen es sin duda una prueba convincente de que una vacuna funciona bien. Sin embargo, ese porcentaje no nos dice cuáles son las probabilidades de cada uno de nosotros de enfermarnos si nos vacunamos.

Y tampoco nos dice por sí solo qué tanto reducirá las infecciones de COVID-19, no solamente en nuestro país si-no en todo el mundo.

NO QUEREMOS SER ALARMISTA, NI MUCHO MENOS MENOSPRECIAR LA INVESTIGACION QUE VIENEN REALIZANDO, SOLAMENTE DECIMOS QUE LAS COSAS NO SON COMO DICEN

¿Cuál es la diferencia entre eficacia y efectividad?

La eficacia y la efectividad están relacionadas, pero no son lo mismo, los expertos en vacunas dicen que es crucial y  no deben confundirlas.

La eficacia es solo una medición realizada durante un ensayo clínico. “La efectividad es qué tan bien funciona la vacuna en el mundo real”.    

Es posible que la efectividad de las vacunas contra el coronavirus coincida con su impresionante eficacia en los ensayos clínicos. Pero si tomamos como guía las vacunas anteriores, la efectividad podría ser menor.

A nuestro entender el desajuste se produce porque las personas que participan en los ensayos clínicos no son un reflejo perfecto de la población general.

En el mundo real, las personas podrían tener una serie de problemas crónicos de salud, por ejemplo, que podrían interferir con la protección de una vacuna.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades tienen un largo historial monitoreando la efectividad de las vacunas tras ser aprobadas se buscará oportunidades para comparar la salud de las personas vacunadas con la de otras en sus comunidades que no hayan recibido la vacuna, es decir se busca estudiar la efectividad de las vacunas contra el coronavirus..

¿Qué es exactamente lo que hacen estas vacunas de manera efectiva?

En los ensayos clínicos realizados las compañías fueron diseñados específicamente para ver si las vacunas protegían a las personas del contagio de COVID-19.

Si los voluntarios desarrollaban síntomas como fiebre o tos, se les hacía la prueba del coronavirus.

Sin embargo, existe abundante evidencia de que las personas pueden infectarse con el coronavirus y no mostrar nunca ningún síntoma.

Por lo tanto, es posible que varias personas que se vacunaron en los ensayos clínicos también se infectaran sin siquiera darse cuenta.

Si esos casos realmente existieron, ninguno está reflejado en la tasa de eficacia del 95 por ciento.

Las personas asintomáticas también pueden transmitir el virus a otras personas, algunos estudios sugieren que esas personas producen menos virus, lo que las convierte en una amenaza menor que las personas infectadas que sí desarrollan síntomas.

Por último, cuando hacemos referencia a que se le está mintiendo a la comunidad, es porque no existe tanta eficacia como dicen, en esta epidemia podríamos decir que las vacunas frenan la propagación del virus, con el tiempo pueden también reducir las tasas de infecciones nuevas y proteger a toda la sociedad.

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